RECORDANDO A JULIO NOBLE
Un combatiente de la libertad

 
 La velocidad de los hechos y el silencio intencionado o sedicente va envolviendo en la penumbra a nombres y hombres que mucho hicieron por darle a nuestra República un lugar trascendente en el concierto de las naciones.

Cabalgaron sus tiempos pero con la mirada atenta en la línea inasible del horizonte, convencidos de que trabajaban no sólo para su momento, sino para las futuras generaciones, que nunca confundían con elecciones, aunque rimaran.

Uno de esos nombres fue sin duda el del Ingeniero Julio Argentino Noble, alerta y denodado combatiente de la libertad. Pensamiento y acción conjugábase en su temperamento de firmes relieves.

Ofreció con ese cimiento, a lo largo de una fecunda y ejemplar acción pública sus dotes de periodista, de parlamentario y de escritor, que brindó a los demás con el hidalgo interés de que sirvieran a sus conciudadanos para el progreso moral, educativo y cultural de una nación pujante, al servicio de la libertad en los campos filosófico, institucional y económico.

Julio Noble fue uno de los discípulos mas destacados y brillantes de Lisandro de la Torre. Estuvo a su lado en todo momento. Supo plasmar el liberalismo latorriano en sus numerosas intervenciones en la Cámara de Diputados de la nación durante los dos períodos (uno de dos años y otro de cuatro años) en que el Partido Demócrata Progresista lo distinguió como candidato. Llegó a la Cámara en 1932 y estuvo en ella hasta 1938.-

En su libro CIEN AÑOS: DOS VIDAS destaca el sentido liberal y federalista de dos hombres que lo acompañaron en las duras horas de prisión ( por sus ideas): Leandro Alem y Lisandro.

Dice Noble en las palabras liminares: “ Por lógica comparación con la amargura que ellos sufrieron, la propia desventura cobró sus proporciones reales. Desaparecieron la soledad y el encierro. Ellos me acompañaron y con ellos me alejé en el tiempo para vivir sus horas buenas y malas” Y a renglón seguido, agrega: “ Fue evasión del encierro y de mí mismo. Las incomodidades resultaron entonces insoportables”.

Así como dice en la citada obra refiriéndose a los dos biografados: “ El liberalismo fue para ellos la religión de la libertad” Julio Noble fue auténticamente un liberal.

Recién ingresado a la Cámara y ante la víspera de un nuevo 6 de septiembre de 1932, considerándolo una fecha trágica de las libertades republicanas; quien en nombre de su partido rinde homenaje sincero a Hipólito Irigoyen, y quien, haciendo usos de su íntimo liberalismo y de sus claras convicciones republicanas, solicita la indemnización para quienes han sufrido daños y perjuicios por los hechos ocurridos el 6 y el 8 de septiembre de 1930.

Todos los temas le preocupaban. Hombre de vasta cultura se interesó reiteradamente, desde su banca, por la Comisión Nacional de Bellas Artes, por la conservación de las colecciones arquelógicas y entomológicas, por la incorporación de las escuelas e institutos filantrópicos al área del Consejo Nacional de Educación, por la construcción de la avenida General Paz, por evocar a San Martín el 17 de agosto, por declarar al Palacio San Martín monumento histórico nacional y por levantar sendos monumentos en homenaje a Justo José de Urquiza y a Julio Argentino Roca.

Su tarea legislativa fue amplia y no supo de desfallecimientos ni de omisiones. Igual que su maestro defendió a Aníbal Ponce, no por compartir sus ideas, sino por defender los derechos y las libertades de enseñanza de un hombre.

Fue el primero puso en tema el convenio comercial sobre carnes con Gran Bretaña y aportó su saber, que no era poco, para el debate famoso que sostendría Lisandro de la Torre en el senado. Y en ésta breva síntesis, fue Julio Noble quién primero se preocupó por la jubilación de los periodistas.

Es importante recordar a Julio Noble evocar su vinculación con Lisandro , de quién fuera discípulo fiel y colaborador brillante, sin olvidar su lúcida oratoria y la energía de su carácter interviniendo en lo debates memorables sobre cuestiones políticas, económicas e institucionales en el recinto de la Cámara de Diputados.

Su competencia técnica brilló en la sanción de la Ley de Vialidad y en la creación de la Aviación Militar.

Julio Noble escribió el primer tomo de un libro que lamentablemente la muerte interrumpió. Nos referimos al antes mencionado Cien años: dos vidas. Surge allí, nítidamente su profunda admiración por los dos grandes líderes que fueron Leandro Alem y Lisandro de la Torre.

Es un libro esrito con un estilo conciso y denso, al que cabe agregar una sobria belleza. Es penoso que sólo el primer tomo se haya conocido porque, justamente, el interés de Noble era entroncar “esa devoción federalista que une sus vidas, tanto como esa irreductible filiación liberal” de ambos protagonistas de encendidas luchas cívicas, que allá en el acontecimiento del Parque se “ensamblaron” cuando el joven abogado rosarino se acercó al gran caudillo y estuvo a su lado hasta el momento de su suicidio.

Cuenta el Ingeniero Noble, en ese libro: “ En los últimos años su referencia a Alem ( la de la Torre) nos permitió formularle reiterados pedidos en ese sentido ( refiriéndose a una conferencia sobre el líder porteño). Hasta ser cargoso yo insistí, cunata vez proporcionó blanco.

Semanas antes de su muerte lo hice con mas calor. Su respuesta, anticipo de su decisión, fue: Yo ya no tengo tiempo. Hágalo usted que tiene toda la vida por delante. Tarde advertí por qué no tenía tiempo” dice Noble apesadumbrado.

El segundo tomo de ese libro tan esclarecedor era dedicado a don Lisandro. Sus papeles quedaron dispersos en sus apuntes primeros. Así Lisandro de la Torre no tuvo un biógrafo con sus propias convicciones, que expusiera la libre concepción de sus ideales, y cayóa en manos sectoriales que hábilmente buscaron encontrar en sus palabras ideas que nunca prohijó, porque, como lo sostuvo siempre, en cada una de las oportunidades en que se pronució, Lisandro de la Torre era “un afiliado a la democracia liberal y progresista” que tenía por propósito disminuir “las injusticias sociales”.

Julio Noble lo sabía y por eso buscó prolongar en esa obra “la cívica impuesta por deberes que llegan y se van con la vida, con la esperanza de transmitir a los jóvenes algo de lo mucho de bueno que me permitió recoger el envidiable privilegio de vivir al lado de un hombre extraordinario. Lo intento con devoción filial”

Los designios impredecibles no permitieron ese acercamiento que hoy tanta falta nos hace

JULIO NOBLE MARCÓ A FUEGO AL FRAUDE Y LAS DICTADURAS

Honra muy especialmente recordar su figura, pues hombres como Julio Noble, Juan José Díaz Arana, Virgilio Tedín Uriburu, Alberto Gerchunoff y Agustín Alvarez le dieron permanencia y prestigio al Partido demócrata Progresista sobre todo en la Capital Federal, manteniendo firmes los ideales en épocas de difíciles dictaduras, fraude y opresión.


El silencio no ha mellado su figura. Allí está, en el recuerdo de quienes defendiendo la libertad se comprometieron con ella, con todos los riesgos que ello implica, mas allá de las desavenencias con sus propios compañeros de lucha, convencido que estuvo siempre de que la lealtad primera la debía a sus convicciones liberales y progresistas por sobre todo otro interés, como dijo alguna vez el gran liberal sir Strafford Cripps, a quien Noble debe, seguramente haber leído.

El recuerdo de las facetas de Julio Noble como periodista brillante de “La Nación” por más de 30 años , líder universitario y presidente del centro de Estudios de Ingeniería, profesional sobresaliente, amante de los temas de aviación, para luego ceder a la atracción de la figura política que ejerció al paladiznago de la democracia en el PDP.

“El ejemplo de Julio Noble a las nuevas generaciones es el del hombre público que no supo de claudicaciones y marcó a fuego a los responsables del fraude y a las dictaduras de turno”.


Victorio A. Torrecilla