HOMENAJE AL Dr. HORACIO R. THEDY
 

    Nos parece lo mejor para homenajear y honrar

a figura de este prestigioso dirigente Demócrata Progresista, defensor de las libertades como pocos, reeditar partes de su exquisito libro editado en 1965, “EL PEQUEÑO HOMBRE Y SU DESTINO” referidas a la democracia, los partidos políticos, y los sistemas de vida digna , que mantiene no solo su vigencia conceptual, sino por tratarse de una obra de fuerte contenido filosófo político, con profundidad y lenguaje llano “afronta hondas cuestiones de antropología filosófica, de historia política, de psicología social y de economía, con las que va tejiendo la imagen del hombre del mundo, que sigue andando por su infinito camino, lleno de honduras, valles, mesetas, montañas y abismos, y que pese a las tremendas catástrofes y conmociones que ha sufrido en su historia, a veces parece acercarlo a su final, vuelve recortar su figura de eterno caminante”

     Al nene Thedy como cariñosamente lo llamaban fue sin lugar a dudas el último romántico de la política, por eso y por sus dotes humanas, hoy lo traemos en su evocación literaria.

EL PEQUEÑO HOMBRE Y SU DESTINO

     Dice Horacio R. Thedy en su comienzo que no puede dejar de filosofar.El tema del hombre y de su destino pertenece a la cosmología o a la antropolgía filosófica, pero el parte de la experiencia y cierto empirismo que domina sus esquemas y conceptos.

     La democracia es el régimen de la convivencia, de la diversidad ideológica o sea del pluralismo.- Precisamente si algo es  irreconciliable con la democracia es la pretensión de una verdad absoluta, de un pensamiento único. La democracia no tiene ideología es aideológica.

     La concepción de partido político está indestructiblemente unida al pluralismo política.

    La corrupción es la muerte de la democracia que, está basad en grandes principios morales, dignidad de la persona, acatamiento a la ley, tolerancia y respeto a la opinión ajena, probidad y honradez en el ejercicio de la función pública y responsabilidad en los actos.

     No concibo a un hombre probo dedicado a la acción política, sin que esta acción se inspire en claros ideales, ni tampoco concibo a un hombre político dedicado a la muda contemplación de un sistema de ideas que carezcan de la fuerza necesaria para llevarlo a la lucha.

     En política, es tan malo actuar sin que la acción responda a una ideología, con tener una ideología que no lleve a la acción.

      La lucha por el poder, que es el objetivo primordial del partido, exige, cada vez más, la eficiencia y el ajustado funcionamiento del aparato político y de todos los organismos de agitación y proselitismo.

      La política pese a todas las complicaciones, intenta precisamente construir el mundo mejor para el hombre.

      Como un pensador relativista lo califica a Lisandro de la Torre que si bien no estructuró una verdadera concepción metodológica del hombre participó de considerarlo de manera relativa,,nunca en una actitud que admita la existencia de valores absolutos, adopta una actitud relativista con respecto al hombre y a su mundo que solo se concilia con la democracia. Su idea de la pequeñez del hombre., y que inspirara toda su filosofía política: democracia, comuna, descentralización, lucha contra los dogmas, defensa de los derechos humanos, dirigidos a la protección de la libertad y la seguridad del pequeño hombre.       

     La esencia de la democracia está en la libertad y esta como corolario del valor de la igualdad.- No la libertad del anarquismo, ni la libertad de la naturaleza.- Es la libertad de ciudadanos que crean el orden jurídico a que están sometidos voluntariamente y que se rige por un sistema de normas acordadas por los mismos ciudadanos.

      Un sistema completo de garantías protege los derechos humanos relacionados con la libertad y se dan en forma igualitaria para los demás. De esta manera Libertad e Igualdad se sintetizan como valores de la democracia, la segunda limitando a la primera

     El valor esencial de la democracia aparece enraizado con el sentido profundo del pequeño hombre. En el esquema puro de la democracia política, integrada por los principios de elegibilidad, representatividad y garantía de los derechos humanos, irrumpe cada vez con mas apremios, la necesidad de resolver los problemas de la miseria, la enfermedad, la ignorancia y la inseguridad.

      El pequeño hombre no es feliz en el reinado de la democracia , que le asegura libertad y una teórica igualdad ante la ley, pero que no lo libera de la necesidad, ni del temor a la inseguridad de la vida material.

     
Su amor a la libertad no es tan fanático como para que se resigne en nombre de él a vivir en la miseria y sin esperanzas. El que siente hambre, el que no sabe leer, ni siquiera es capaz de comprender cuáles son los beneficios de la democracia.

      La igualdad ante la ley la desea menos que la igualdad de oportunidades para mejorar su condición. Es esta aspiración igualitaria la que domina su mente.

      La libertad política, esencia de la democracia, también se distorsiona. En nombre de ella se ha instalado un liberalismo que mantiene en vigencia las estructuras de una organización económica que favorece a unos pocos en detrimento de los demás.

     Debemos comprender que la miseria, la enfermedad y la ignorancia, son los agentes corrosivos de los grandes pilares de la libertad, de la existencia de los derechos humanos, del gobierno del pueblo, del respeto a la ley, sobre las que descansa el sistema democrático.

     El principio de igualdad ante la ley, que figura en todas las constituciones democráticas, le quiso dar al hombre la certeza de la uniformidad del derecho aplicable a todos en idénticas circunstancias, sin discriminación alguna.

      Los hechos prueban que la distribución de los bienes y servicios puestos a disposición del hombre en el seno de la sociedad, no solo no es igualitaria ni justa, sino que ha provocado fuertes desniveles y escalas bien pronunciadas, entre la pobreza y la riqueza, la ignorancia y la cultura, la enfermedad y la salud.

      Son precisamente estas desigualdades las que impiden a los sectores desposeídos el goce pleno de los derechos políticos de la democracia.

      Esta realidad importa reconocer que el armazón jurídico político creado por la democracia liberal e individualista no es suficiente para preservar la dignidad de la persona humana y que debemos extender hacia el campo económico y social el sistema de derechos y garantías con el fin de fortalecer ese objetivo esencial del sistema democrático.

     La democracia, sistema ideológico y estructura abierta al cambio y a la readaptación de las continuas variaciones de las condiciones de vida, no puede identificarse con ninguna escuela económica.

      Por eso es absurdo identificar a la democracia con el liberalismo económico, o sea,” en la libre empresa, con la iniciativa privada, o con la economía de mercado.”

     Es que la democracia no es solo un sistema de libertad, referido exclusivamente a los individuos, sino también al contenido ideológico variable que cabe en su estructura. El pueblo, solamente en la democracia, puede decidir tener un gobierno de derecha, centro, o de izquierda sin que esta variación de ideologías que se turnan en el poder afecte la esencia ni la vigencia del sistema.

      La renovación o periodicidad de las personas y en consecuencia, de las ideologías que ejercen el poder, se  consubstancia con el sentido íntimo y definitorio del sistema democrático.

      Los grandes principios de Libertad y de Igualdad, han roto su viejo molde y buscan una revitalización que les permita también ser pilares y tutores de las nuevas aspiraciones y necesidades del hombre.

   Los datos de la realidad nos señalan el deber de obrar y los objetivos a alcanzar.

                   El sentido social va imponiéndose en el ámbito individual. ¿Cómo detenernos, entonces, en esquemas individualistas cuando se trata de resolver los tremendos problemas del hambre, de la desnutrición, de la mortalidad infantil, del analfabetismo, de la falta de techo o de espacios  para trabajar, o en resumen, de sacar del atraso y del estancamiento a un país subdesarrollado y a un pueblo de pésimo estándar de vida?

                  

                   El hombre libre, señor de la democracia, necesita ahora satisfacer anhelos y necesidades económicas y sociales. Conservando su libertad debemos asegurarle su bienestar y sus esperanzas de mejorar, en un mundo que se rebela contra su conducción. La imagen del hombre libre no puede vivir ya sin el complemento del hombre social.

                   Mientras los derechos clásicos garantizan al hombre una igualdad teórica ante la ley, los nuevos derechos tienden a establecer una igualdad de hecho, corrigiendo las desigualdades derivadas de los azares de la vida o de estructuras económicas concebidas para un capitalismo egoísta y ausente de sentido social.

                   Todo esto significa un deber de acción del Estado, que ya no puede ser neutral frente al destino social del hombre. Los derechos humanos clásicos se traducían como ya se ha dicho, en un deber pasivo de abstenerse de violarlos. Estos derechos sociales generan, por el contrario, la necesidad de una acción dinámica del Estado tendientes a consagrarlos en los hechos.

                   La pasividad o indiferencia del Estado sólo ha traído grandes sectores marginales sumergidos que se confrontan con pequeños sectores de muy alta capitalización. Este desnivel de la balanza tiene muy peligrosas consecuencias, no sólo económicas, sino políticas.

                   Por cierto que el ideal sería que la prosperidad y la justicia fueran el resultado natural de un proceso económico producido mediante el libre juego de las fuerzas económicas y sociales, pero esto no pasa de ser una vana ilusión.

                   No olvidemos que el consumidor no sólo sirve para comer. También cree, ama, odia, sueña, llora canta y se equivoca, y nada de esto está en las estadísticas.

                    Los países ricos, como los hombres ricos. comprenderán que la verdadera fuerza no proviene de la posesión de la riqueza, sino del bienestar que de ella se derive para los desposeídos.

Sin duda un Estado moderno debe trazar su política económica y social sobre la base de una planificación.- En países como el nuestro, de zonas tan diferentes en su desarrollo, donde no existe un verdadero mercado competitivo, es absurdo pretender aplicar una planificación meramente indicativa, al estilo de la francesa, que tampoco se desentiende, tanto como dicen, del proceso económico.

                   Asimismo, es posible que el Estado no necesite dirigir la actividad privada cuándo actúan en el mercado el movimiento de los precios como regulador de la conducta económica de los individuos. Pero si los factores de distorsión intervienen par impedir el juego de la competencia, no hay otro medio que la acción del Estado para enmendarlos. Lo mismo cabe decir en otras áreas de la actividad económica en las que la iniciativa privada no actúa, o que por razones políticas o de seguridad, no conviene que actúe libremente.

                   La programación debe significar primordialmente el programa de la transformación de la democracia política en democracia social. El Estado puede y debe alentar o desalentar la iniciativa o el interés individual. Mediante el uso del impuesto y del crédito puede hacer mucho, pero también puede expropiar por razones de utilidad pública y aplicar las leyes penales a los delincuentes económicos,

     La miseria, la enfermedad y la ignorancia, constituyen la oscura trilogía desencadenante del caos o de la catástrofe. Debemos usar, para combatirla, los instrumentos mas eficientes, sin detenernos en discusiones académicas sobre ”estatismo”, “libre empresa”, o individualismo”.Debemos usar lo que mas convenga a la rapidez y eficiencia de la solución, pensando siempre en el logro del bienestar general.

     Debemos impulsar y promover la expansión y el desarrollo, pero con el objetivo principal de la mejor distribución, como meta decisiva del plan de acción. El desarrollo sin el complemento de una justa distribución de la riqueza, puede acentuar el desequilibrio entre los sectores mas ricos y el de los pobres.

     Es decir, contra lo que postulaba el liberalismo económico, al Estado le cabe un papel cada vez más importante en la regulación o programación del proceso económico y social. Esto no es empecinamiento ideológico, sino readaptación a la realidad, mediante un PROGRESISTA PRAGMATISMO.

     Es que la verdad, como siempre huye de los absolutos.

     Esto en materia política y económica es aún mas evidente. Ni “estatismo”, ni”libre empresa”, son instrumentos excluyentes. Uno y otro pueden ser aptos para emplearse de acuerdo a la oportunidad y a las características del problema a resolver. Un sano e inteligente “pragmatismo”debe substituir a los estériles y anacrónicos enfrentamientos entre los ideólogos capitalistas y los estatistas, que intentan meter al mundo en uno de los dos casilleros.

     Sólo la democracia, que no es una fórmula política, sino una realización de antropología filosófica, admite al hombre “responsable”y “libre”, como principal protagonista. El hombre tuvo y tiene hambre, miedo,amor, odio, ilusiones y deseperanzas. A veces lo invade, hoy como antes, la angiustia del “para qué”y el “porqué”de su existencia.


Nota de la redacción:

10–2-1965- recordamos la fecha de este documento notable, que parece realizado hoy.