DECLARACIÓN DEL CONGRESO NACIONAL BS.AS. 18-10-2003

         El Partido Demócrata Progresista refirma su vocación de ser una alternativa republicana, moderna, progresista, en el concierto político argentino.

         Hemos soportado la crisis económica, social y política más profunda que recuerde, al menos, nuestra generación. Aun padecemos sus secuelas. Vanas fueron las advertencias que la Democracia Progresista hiciera –especialmente por medio de su representación parlamentaria- sobre los riesgos del desfinanciamiento del sector público, la acumulación de déficit, el endeudamiento creciente. Previmos, mucho antes que los gobiernos lo advirtieran, que transitábamos un peligroso camino que, si no se corregía a tiempo, habría de producir un estallido económico. Nunca fuimos escuchados. La explosión se produjo y de ella derivaron las conse-cuencias sociales, políticas e institucionales, vividas por la República.

         Hoy seguimos en la emergencia, aunque se ha logrado reconstituir el poder civil, a pesar del limitado apoyo electoral con el que surgió el nuevo gobierno a causa de que no hayan funcionado en plenitud los mecanismos constitucionales para la elección presidencial.

         Somos una fuerza política de oposición. Ese es el papel que nos corresponde en el sistema republicano. Habremos de ejercerla con todas nuestras fuerzas. Con nuestro estilo y nuestra tradición, seria, responsable, constructiva, pero sin limitaciones.

         Advertimos que la recesión iniciada a fines de 1998, que al producirse el colapso de diciembre de 2001 acumulaba una caída del 8 por ciento del PBI, y agravada brutalmente por la devaluación de enero de 2002 que llevó a otra pérdida del 12 por ciento del ingreso nacional, con los alarmantes niveles de desocupación, pobreza e indigencia que hoy padecemos, no se superará fácilmente mientras no se brinden señales claras que estimulen la inversión, imprescindible para crecer y crear fuentes de trabajo, haya certidumbre sobre la estabilidad de las relaciones jurídicas, se resuelva adecuadamente el problema de la deuda pública y se restablezca el funcionamiento del crédito a tasas accesibles, que es primordial para la sustentabilidad del crecimiento económico y social.

         La recuperación del año en curso es primordialmente consecuencia del ahorro obtenido en años anteriores, pero no se vislumbra la generación de nuevos que permitan prever un proceso constante y perdurable.

         Por el contrario, el gobierno sorprende a diario con medidas contradictorias, que hacen sospechar fundadamente que no se tiene una idea clara sobre cuál es el mejor rumbo para la Nación. Desde que asumió el 25 de mayo el presidente Kirchner, se siguen haciendo interpretaciones sobre el camino oficial, porque quienes deben explicitarlo con precisión no lo hacen.

         ¿Se nos quiere llevar hacia el hegemonismo del partido de gobierno? ¿Hay precisión en las relaciones internacionales? ¿Se aspira a gravitar para obtener respuestas favorables de la prensa? ¿La asistencia social se tuerce a favor de intereses políticos sectoriales? ¿Se aspira a reacomodar el Poder Judicial sin reparar en la calidad de su integración? Algunos interrogantes – a los que podríamos agregar muchos más- que demuestran la carencia de objetivos precisos de gobierno, cuando no sospechas de manipuleos inaceptables.

         Una sana gestión económica implica, entre otras cosas, no volver a la inflación crónica que habíamos padecido durante medio siglo. Ahora, el gobierno contempla en sus previsiones para el futuro la vuelta de la inflación. La educación es otra de las claves básicas del país. Venimos predicando desde hace tiempo que la inversión económica más reproductiva es la que se hace en el área de la investigación científica y de la educación. Estamos insertos en el mundo del conocimiento pero la Argentina no se esfuerza para que el pueblo reciba sus beneficios.

         Los argentinos hemos sufrido mucho y seguimos afrontando duras vicisitudes. Ante ello el Partido Demócrata Progresista aspira a contribuir con su prédica y su acción a conformar una sociedad mejor. Sentimos la responsabilidad de encarar en el presente las mejores tradiciones de una fuerza política que hace casi noventa años viene predicando en la República en su afán de contribuir a consolidar un país justo, moderno y progresista.

         Con nuestros aciertos y también con los errores políticos que hayamos podido cometer, nos enorgullecemos de haber actuado siempre con honestidad, lealtad a las convicciones, vocación de servicio al país.
Hoy ratificamos nuestra voluntad de seguir trabajando con independencia de criterio, ejerciendo nuestra propia individualidad, controlando y proponiendo, siendo fieles al estilo y la ética de los fundadores.
Millones de jóvenes y millones que ya no lo son, sueñan con un país mejor.

         Aunque no dispongamos de un poder electoral decisivo, sí podemos tener la fuerza de la gravitación de las ideas y el comportamiento ético. Además, no renunciamos a los esfuerzos que siempre hemos hecho para alcanzar coincidencias que potencien la acción electoral, dentro del marco de las ideas generales que preconizamos. Con esa voluntad, el Congreso Nacional del Partido Demócrata Progresista reitera una vez más el compromiso público que nuestros antecesores asumieron el 14 de diciembre de 1914.

Buenos Aires, octubre 18 de 2003
Alberto Natale
Secretario General

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RECUPERAR LA IDENTIDAD PARTIDARIA
 

         Cuando en la democracia argentina las formas está ahogando el fondo, pretendiendo esconder una realidad que conforma una profunda crisis humana e institucional , se hace impostergable a los partidos políticos rehacer sus filas apretando sus concepciones dentro de la línea filosófica inspiradora.

         Como los seres humanos, los partidos políticos viven la permanente posibilidad de ser auténticamente, o de hacer en la impropiedad, o de actuar de un modo indiferente, sin tomar posiciones “como las vírgenes prudentes en permanente vigilia”.

         Los partidos políticos no son necesariamente eternos. Ni tampoco son inmóviles. Como todo momento del quehacer humano participan de la esencia de lo cultural, que es un continuo inacabado.

         Permanentemente, renovadamente, deben sufrir etapas de ensimismamiento y de reflexión, para no perder autenticidad. El olvido de este constante ajuste a las circunstancias acarrea sanciones inexorables.

         O se desvirtúa “su fisonomía” y “su razón de ser” cayendo en lo anodino de la ambigüedad; el cambio de la problemática de la sociedad y de la época termina por sumirlo en la indiferencia hasta la extinción.

         De ahí el interés acuciante, en cada momento, como éste de crisis y desconcierto, por volver la mirada a las fuentes, a las razones mismas que dieron al partido su nacimiento y a las que debe su existencia. Debe pues cargar con su pasado para “asumir espesor histórico”.

         Nuestro partido, por principio, es, y en un medio donde es infrecuente – uno de los que pueden aceptar su pasado sin beneficio de inventario. Ni fraude ni escarnio popular por una parte, ni por otra el sentimentalismo inepto larvan su historia, impidiéndole proyectarse con amplitud, como las posiciones clásicas en nuestra política.

         Estas “constantes” de la política argentina- responsables ambas del estancamiento y de la regresión- conforman un handicap que esteriliza las posiciones tradicionales; e impiden todo avance de la comunidad que sólo podrá lograrse cuando el pueblo tenga FE en sus conductores políticos.

         Todo lo contrario, la “razón de ser” de nuestro partido no ha sido otra que la lucha valiente e insobornable contra todas las formas del fraude y del escarnio de la sociedad. No la simple oposición, mas o menos académica, sino el combate declarado a toda transigencia, a toda componenda a espaldas del pueblo.

         Fue la “fisonomía”, la “identidad del PARTIDO DEMÓCRATA PROGRESISTA asumida por la vida y ejemplaridad de LISANDRO DE LA TORRE.- Esa “fisonomía”, dotada de tremenda singularidad es lo que nos separa de la desvirtuación en la anodina ambigüedad, de ser “un partido mas”, y lo que nos dio “la razón de ser” en la política nacional. Olvidarla, no sólo sería INAUTÉNTICO, sino que acarrearía como consecuencia la indiferencia y la extinción.

         Nuestra lucha de hoy será pues la de reasumir la verdadera identidad, la fisonomía del partido con todos los sacrificios de ambiciones que imponga, en la convicción de que no se trata sólo de ideas, sino de “creencias” y de un problema de”FE” en los ideales.

         Lamentablemente en los últimos tiempos el partido no estuvo acorde con las críticas situaciones que vivió el país ante el avasallamiento de las instituciones y de los derechos y garantías de la sociedad en su conjunto y de los ciudadanos en particular, transitando en la ambigüedad y la indiferencia.

         En el Congreso Nacional partidario del 31 de marzo de 2001, fue aprobado el Proyecto de Resolución (prácticamente ignorado) que dispuso: adoptar las siguientes acciones a implementar por la conducción nacional partidaria:

         · Debe considerarse como objetivo principal de la actividad el afianzamiento de la identidad partidaria , habida cuenta que su imagen aparece desdibujada ante la opinión pública.

         · El afianzamiento deberá ser permanente y claro para obtener una presencia fluida en el escenario político del país, para obtener un protagonismo en el ámbito nacional y recuperar el espacio perdido.

         · Ratificar el ideario demócrata progresista, avalado por sus 86 años de trayectoria en la vida política argentina, y la honestidad de los hombres que la integraron e integran.-

         · Presentar al partido como una alternativa válida basada en la expresión liberal progresista que le dio origen a la agrupación, como síntesis de igualdad y libertad, con contenido social y solidario para posibilitar una vida digna del ciudadano.

         Es con éste espíritu reformista que encaramos el reencuentro con “nuestro modo de ser”. Cuando la realidad circundante silenciaba los clarines de la democracia nació el PARTIDO DEMÓCRATA PROGRESISTA fijando una muy propia personalidad, que es obligación de los hombres y mujeres de hoy adecuar a los problemas de la hora.

         Y si habremos de mantener esa personalidad no habrá de ser con el conformismo, la tolerancia, el temor a perder posiciones, sino marcando a fuego nuestro pensamiento, aspirando a la nobleza de nuestros fines con medios tan nobles como ellos.

         LA DEMOCRACIA PROGRESISTA, es esto y mucho mas, es compromiso para el trabajo y el sacrificio, para marchar adelante, pero nunca estar indiferentes, debe ser cumplida por hombres y mujeres de una conformación mental, espiritual y filosófica, acorde con el sentido de autenticidad que la inspira.

         Si habremos de luchar bajo el lema de la recuperación del ser nacional, es nuestra primera obligación hacerlo de puertas adentro, y mostrar a todos que lo que propiciamos lo vivimos.

         La IDENTIDAD DEMÓCRATA PROGRESISTA es un anhelo de afirmación de principios y como tal, no siente agravios. Está por encima y mas lejos de lo contingente y accidental. Sólo trata de penetrar en las conciencias para obligar a meditar.

Buenos Aires, octubre 18 de 2003


Arriba

DECLARACIÓN DEL CONGRESO NACIONAL BS.AS. 21-03-2001

         El Partido Demócrata Progresista conoce con precisión la dificilísima situación fiscal,  económica y social que afronta nuestro país. A eso se añaden los conflictos políticos que comenzaron el año último en la coalición de gobierno.

         Sabe, también, que los problemas actuales de la economía conforman un pasivo que comparten el anterior gobierno y el actual, agravados por las disensiones políticas recientes.

         Ante ello el Partido Demócrata Progresista actúa, como siempre lo ha hecho, con el sentido de responsabilidad que es norma distintiva de nuestra agrupación.

         En cada oportunidad hemos exteriorizado nuestro pensamiento, advirtiendo sobre los riesgos que el creciente endeudamiento, precipitado a partir de 1995, como consecuencia de los sucesivos déficit, habría de proyectar sobre la economía y sus consecuencias sociales. El bloque de diputados nacionales expuso esta preocupación partidaria constantemente.

         El advenimiento del nuevo gobierno, en 1999, restableció esperanzas. Tratamos de contribuir al éxito de la fórmula presidencial que habíamos apoyado, con el aporte concreto de hombres e ideas que se sumaron al camino emprendido.

         Hoy las preocupaciones son cada vez mayores, si bien los recientes cambios que acaban de producirse en el seno del gobierno recrean el deseo y la esperanza de encontrar una senda de prosperidad.

         El mundo ha superado conflictos ideológicos que ahora son parte del pasado. El debate es más racional y apunta a decisiones concretas de gestión. Además, hay estilos políticos, como el de la Democracia Progresista, que suponen la honestidad, la autenticidad y la sinceridad en la exposición del pensamiento público.

         Fieles a esta consigna, que se entronca con nuestros fundadores, seguiremos esforzándonos para ayudar al país, de igual manera como impugnaremos y cuestionaremos cada vez que advirtamos que se produzcan desviaciones políticas o morales.

         La hondura de las preocupaciones presentes obliga a concretar los esfuerzos partidarios en la atención de las demandas públicas. No podemos obviar, pese a ello, que en Octubre habrá elecciones generales, de las que participaremos en nuestro rol de partido político.

         Nuestro país elegirá en las próximas elecciones a los miembros que compondrán el Senado de la Nación, renovará parcialmente la Cámara de Diputados y celebrará elecciones locales en las provincias. Estaremos en los comicios con las ideas y los candidatos del Partido Demócrata  Progresista, con la autonomía e independencia propias, sin perjuicio de que eventuales alianzas electorales que se propusiesen en algunos distritos requieran las autorizaciones estatutarias pertinentes.

         Como siempre aspiramos a conformar una fuerza política vigorosa. Actuamos en el Congreso mancomunadamente con sectores afines. Mantendremos nuestra prédica Demócrata Progresista preservando la identidad, aportando acciones al servicio del interés general, apostando siempre al éxito y no al fracaso del gobierno, y ejerciendo el papel de control que es imprescindible para la plena vigencia de los principios republicanos.

         Reafirmamos nuestros principios destacando que el Estado además de cumplir sus funciones indelegables de preservar la salud pública, la seguridad, la educación y la justicia, también debe alentar las fuerzas creadoras de riquezas y su equitativa distribución.       

         El sistema democrático soporta tensiones y el correcto funcionamiento de la economía de mercado está en peligro cuando amplias capas de la población viven en la miseria o son muchas las personas sin ocupación y sin perspectivas razonables. La eficiencia de la economía será juzgada por su capacidad de garantizar la generación y distribución de la riqueza material. Nos rebela que en un país como el nuestro haya compatriotas que no tengan trabajo y estén debajo de un nivel de ingresos que les impide aspirar a una vida digna.

       Sabemos que es posible hacer un país moderno, justo y próspero. El esfuerzo de tener un gobierno eficiente es mucho más que la designación de un nuevo gabinete. En todo caso es el respeto a la gente, a las instituciones, y al esfuerzo permente en la construcción de una sociedad que asegure la igualdad de oportunidades para todos.

Buenos Aires, marzo 31 de 2001