Cuando en la democracia argentina
las formas está ahogando el fondo, pretendiendo esconder
una realidad que conforma una profunda crisis humana e institucional
, se hace impostergable a los partidos políticos rehacer
sus filas apretando sus concepciones dentro de la línea
filosófica inspiradora.
Como los seres humanos, los partidos
políticos viven la permanente posibilidad de ser auténticamente,
o de hacer en la impropiedad, o de actuar de un modo indiferente,
sin tomar posiciones “como las vírgenes prudentes
en permanente vigilia”.
Los partidos políticos
no son necesariamente eternos. Ni tampoco son inmóviles.
Como todo momento del quehacer humano participan de la esencia
de lo cultural, que es un continuo inacabado.
Permanentemente, renovadamente,
deben sufrir etapas de ensimismamiento y de reflexión,
para no perder autenticidad. El olvido de este constante ajuste
a las circunstancias acarrea sanciones inexorables.
O se desvirtúa “su
fisonomía” y “su razón de ser”
cayendo en lo anodino de la ambigüedad; el cambio de
la problemática de la sociedad y de la época
termina por sumirlo en la indiferencia hasta la extinción.
De ahí el interés
acuciante, en cada momento, como éste de crisis y desconcierto,
por volver la mirada a las fuentes, a las razones mismas que
dieron al partido su nacimiento y a las que debe su existencia.
Debe pues cargar con su pasado para “asumir espesor
histórico”.
Nuestro partido, por principio,
es, y en un medio donde es infrecuente – uno de los
que pueden aceptar su pasado sin beneficio de inventario.
Ni fraude ni escarnio popular por una parte, ni por otra el
sentimentalismo inepto larvan su historia, impidiéndole
proyectarse con amplitud, como las posiciones clásicas
en nuestra política.
Estas “constantes”
de la política argentina- responsables ambas del estancamiento
y de la regresión- conforman un handicap que esteriliza
las posiciones tradicionales; e impiden todo avance de la
comunidad que sólo podrá lograrse cuando el
pueblo tenga FE en sus conductores políticos.
Todo lo contrario, la “razón
de ser” de nuestro partido no ha sido otra que la lucha
valiente e insobornable contra todas las formas del fraude
y del escarnio de la sociedad. No la simple oposición,
mas o menos académica, sino el combate declarado a
toda transigencia, a toda componenda a espaldas del pueblo.
Fue la “fisonomía”,
la “identidad del PARTIDO DEMÓCRATA PROGRESISTA
asumida por la vida y ejemplaridad de LISANDRO DE LA TORRE.-
Esa “fisonomía”, dotada de tremenda singularidad
es lo que nos separa de la desvirtuación en la anodina
ambigüedad, de ser “un partido mas”, y lo
que nos dio “la razón de ser” en la política
nacional. Olvidarla, no sólo sería INAUTÉNTICO,
sino que acarrearía como consecuencia la indiferencia
y la extinción.
Nuestra lucha de hoy será
pues la de reasumir la verdadera identidad, la fisonomía
del partido con todos los sacrificios de ambiciones que imponga,
en la convicción de que no se trata sólo de
ideas, sino de “creencias” y de un problema de”FE”
en los ideales.
Lamentablemente en los últimos
tiempos el partido no estuvo acorde con las críticas
situaciones que vivió el país ante el avasallamiento
de las instituciones y de los derechos y garantías
de la sociedad en su conjunto y de los ciudadanos en particular,
transitando en la ambigüedad y la indiferencia.
En el Congreso Nacional partidario
del 31 de marzo de 2001, fue aprobado el Proyecto de Resolución
(prácticamente ignorado) que dispuso: adoptar las siguientes
acciones a implementar por la conducción nacional partidaria:
· Debe considerarse como
objetivo principal de la actividad el afianzamiento de la
identidad partidaria , habida cuenta que su imagen aparece
desdibujada ante la opinión pública.
· El afianzamiento deberá
ser permanente y claro para obtener una presencia fluida en
el escenario político del país, para obtener
un protagonismo en el ámbito nacional y recuperar el
espacio perdido.
· Ratificar el ideario
demócrata progresista, avalado por sus 86 años
de trayectoria en la vida política argentina, y la
honestidad de los hombres que la integraron e integran.-
· Presentar al partido
como una alternativa válida basada en la expresión
liberal progresista que le dio origen a la agrupación,
como síntesis de igualdad y libertad, con contenido
social y solidario para posibilitar una vida digna del ciudadano.
Es con éste espíritu
reformista que encaramos el reencuentro con “nuestro
modo de ser”. Cuando la realidad circundante silenciaba
los clarines de la democracia nació el PARTIDO DEMÓCRATA
PROGRESISTA fijando una muy propia personalidad, que es obligación
de los hombres y mujeres de hoy adecuar a los problemas de
la hora.
Y si habremos de mantener esa
personalidad no habrá de ser con el conformismo, la
tolerancia, el temor a perder posiciones, sino marcando a
fuego nuestro pensamiento, aspirando a la nobleza de nuestros
fines con medios tan nobles como ellos.
LA DEMOCRACIA PROGRESISTA, es
esto y mucho mas, es compromiso para el trabajo y el sacrificio,
para marchar adelante, pero nunca estar indiferentes, debe
ser cumplida por hombres y mujeres de una conformación
mental, espiritual y filosófica, acorde con el sentido
de autenticidad que la inspira.
Si habremos de luchar bajo el
lema de la recuperación del ser nacional, es nuestra
primera obligación hacerlo de puertas adentro, y mostrar
a todos que lo que propiciamos lo vivimos.
La IDENTIDAD DEMÓCRATA
PROGRESISTA es un anhelo de afirmación de principios
y como tal, no siente agravios. Está por encima y mas
lejos de lo contingente y accidental. Sólo trata de
penetrar en las conciencias para obligar a meditar.
Buenos Aires, octubre 18 de 2003
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