5 DE ENERO DE 1939: EL SUICIDIO DE LISANDRO DE LA TORRE

     Cerrando una décadas de grandes suicidios (Horacio Quiroga- Alfonsina Storni- Leopoldo Lugones), el cinco de enero de 1939 se desgarra un balazo don Lisandro de la Torre.- Junto a su cuerpo inerte hay una carta de despedida que es una descarnada radiografía del país.- Ernesto Giudici, editorialista y una de los principales columnista del Diario “Crítica” , publicó el día 6 la siguiente necrológica:

                           DIAMANTE EN BRUTO, FUE LA RECIA FIGURA DE

                                         LISANDRO DE LA TORRE

     El suicidio de De la Torre, no por doloroso nos ha sorprendido. Sus amigos o los que lo conocían de cerca jamás se animaron a pensarlo, o no quisieron pensarlo, pero lo más probable es que temían, en los mismos meses, su suicidio.-

     De la Torre ya había dejado de ser un disconforme para convertirse en una amargado. Si antes no había creído en el hombre o en sus virtudes, ahora despreciaba al hombre. Profundamente individualista, se sentía solo, y a su alrededor no veía sino corrupción, podredumbre, indiferencia, chatura o mediocridad. Todo esto acentuaba su divorcio con el medio, y aunque se sabía fuerte, sentía, sin embargo la fuerza del medio sobre él. Esta lucha entre él, el hombre y el medio, explica toda la vida tumultuosa y contradictoria del viejo y siempre joven Lisandro de la Torre.-

     El suicidio siempre es una liberación para los hombres atormentados. No se suicida el que no es nada, sino el que es algo o mucho y no puede realizar lo que desea ó ambiciona. No se mata el que desprecia la vida sino el que más la quiere. Y el que más la quiere puede acabar por despreciarla cuando ella no rinde los frutos apetecidos o cuándo no se la ve a la altura en que se la codicia.-

     Se mata el joven,- y hoy son muchos los jóvenes que se matan- que no ve nada por “delante” de él, el que no encuentra el camino para el desarrollo de sus aptitudes, para el vuelco de su ambición, para el logro de sus deseos. El no tener “nada por delante” acrecienta la angustia juvenil, que es ansia de vivir, termina por anular una vida en el atolladero sin salida, ante la nada que ahoga, que asfixia y mata.-

                                    Quitarse la vida por amarla demasiado

     Se mata también el que ha llegado a cierta edad y aún no ha encontrado la vía que encauce sus enormes energías vitales o intelectuales. Se mata el que cree que ya nada le queda por hacer. Y porque ama intensamente la vida se desprecia cuando se la ve reducida a una simple existencia vegetativa. Y porque la vida no rinde lo que se exige de ella, la muerte es la única salvación para el atormentado cuya debilidad reside en no haber sabido encontrar en la vida colectiva y en el medio social, los elementos estimulantes que hacen digna la existencia humana cuando se la siente puesta al servicio de un ideal o una idea constructora.-

     El suicidio de De la Torre, que obliga a nuestra meditación, revela esas dos facetas suyas: revela el fuego que lo consumía por dentro porque no encontraba donde aplicarlo y revela el vacío en que cada vez más se fuera encerrando por su temperamento y su disconformismo. Sin estudiarlo a De la Torre como un temperamento emotivo, pasional, no podrá comprendérselo jamás.-

     Cuando por primera vez en su larga vida se sintió libre- o le pareció sentirse libre de la obligación política y dio su conferencia “Intermedio Filosófico”, confesó:

“He sido muy amante de la filosofía, no obstante haber vivido una existencia antifilosófica. Es tan fácil y frecuente caer en contradicciones en nuestra triste condición humana, que nadie habrá de sorprenderse”.

     Estas pocas palabras esbozan el mejor retrato que se pueda hacer de Lisandro de la Torre.-

Ser algo distinto a lo que se es

     Como amante de la filosofía, como dueño de un temperamento inquieto, quiso aislarse del mundo para dedicarse a la contemplación propia del estudioso; pero como pasional que era, no puso jamás lograr lo que quería ser. Esta contradicción de “nuestra triste condición humana”  se manifiesta siempre que se quiere ser una cosa distinta a lo que se es.-

     De la Torre quiso aislarse del medio, pero el medio lo arrastró en la vorágine de sus problemas. Y el joven amante de la filosofía, surgido a la vida en un momento especial del desarrollo social y político argentino, salió a la calle, subió a las tribunas, llegó al parlamento y fue lider de las masas democráticas y juveniles del país. Todo eso, “sin quererlo”.-

     Aún sin quererlo, en sus años de mas juventud, ello le producía satisfacción. Era una época en que la Argentina mostraba a América y al mundo una personalidad nacional inconfundible; era un momento en que el pensamiento político argentino colocaba a nuestro país a la vanguardia del pensamiento latinoamericano.-

     En los años amargos de vejez, las cosas cambiaron. Y cambiaron en un sentido desfavorable para el país, porque volvió la oligarquía reaccionaria al poder; porque el ambiente de chatura conservadora hizo sentir su opresión sobre todos los que como De la Torre sentimos un gran fuego por dentro y un ansia enorme de hallar un medio propicio para el vuelco total de nuestras energías; porque retornó la curia fanática a sembrar en el país su espíritu de letargo, de mentira y mediocridad; porque la Argentina empezó a descender verticalmente la parábola maravillosa de las décadas precedentes. Cambiaron las cosas en un sentido desfavorable para la República, pero, de pronto, y por cruel paradoja esas mismas cosas se tornaron favorables para el hombre que por su propia idiosincracia y temperamento tenía la inclinación de Schopenhuaer al pesimismo, la amargura, el aislamiento.-

Un medio pesimista para una gran pasión

         Era un medio pesimista para el que sentía una gran pasión por la lucha pero para él, que ya no quería luchar, le sirvió de pretexto para realizar su sueño dorado: vivir sólo con sus meditaciones, con sus gestos impotentes a lo Nietsche, con su fuego interior. Pero a esta altura de la  vida, De la Torre, aunque lo deseara, ya no podía vivir así- Aunque no lo quisiera, él era un hombre de la calle, un pedazo de la multitud argentina.-

     Así, ultimamente, la vida de Lisandro de la Torre se fue agotando. Cada vez más huraño, más misántropo, más individualista, más gruñon y desordenado como un Unamuno o un Pio Baroja. Porque Lisandro de la Torre sentía correr por sus venas lo más neto, grande y contadictorio del individualismo hispano.-

      En Alemania, De la Torre hubiera sido quizás un filósofo de nombre; en Francia, lo mejor del liberalismo burgués; en España, una de las típicas expresiones del político elocuente, individualista, agitador. Pero, en la Argentina, De la Torre se sentía en la nada.-

      Tenía la fuerza emocional de Sarmiento, tenía su coraje, sus puños y su sarcasmo; pero le faltó la voluntad del gran sanjuanino. Unos hombres son como el champan y otros son como el aceite, decía Sarmiento. Sarmiento fue como el champan, pero encontró la forma de no desbordarse porque el medio que halló, bárbaro y por hacer, arcilla modelable, roca por pulir, le deparó las mas grandes satisfacciones a su ansia creadora. A De la Torre le hizo falta un medio así. Pero no lo tuvo o no supo encontrarlo.-

Necesitaba un gran partido

     De la Torre fue desordenado. Le faltó un gran partido político que encauzara sus actividades, que lo obligara a disciplinarse, que lo sujetara un poco. Se separó de Irigoyen porque su cultura política lo distanciaba de la política caudillesca; se separó de Juan B. Justo porque su mentalidad no era socialista sino profundamente individualista, liberal. Formó su propio partido, pero por otra ironía y como expresión de sus propias contradicciones, el partido de De la Torre, allá por 1916, en que se presenta a disputar la presidencia de la República, era sólo un partido del sector refinado de nuestra aristocracia criolla, de la parte más culta, más europeizante de nuestra oligarquía. El más liberal, el más progresista, el más renovador, era De la Torre. Se repite el mismo fenómeno que en el partido demócrata de Estados Unidos; partido aristocrático en sus orígenes, partidario de la esclavitud conservador de los privilegios de los Borbones del sur, partido que da sin embargo, los hombres mas liberales de la política americana hasta culminar con Roosevelt. El partido de De la Torre, por gravitación de su jefe y por el imperativo de las circunstancias, se va modificando hasta convertirse en la fuerza mas auténticamente democrática del país. Pero ya pasó su momento de acción y se disgrega. Sólo quedan De la Torre y unos pocos amigos.-

De la Torre, con la disolución de su partido, parece sentirse feliz, porque otra vez lo dejan solo. Quiere quedarse solo. Pero no puede. Sus amigos lo reclaman. Lo visitan. Lo obligan a aceptar la candidatura a la gobernación de Santa Fe, pero lo hace de tan mala gana que aprovecha la primera oportunidad para renunciar a ello.-Lo hemos visitado algunas veces. Siempre gruñía: “No soy político. Nada tengo que decir”. Y de eso no salía.

 
Se tenía miedo

     Procedía así por autodefensa. Se tenía miedo a si mismo. Se sabía borrascoso, incontenible. Sabía que una vez sacado a la calle, no volvería por un tiempo a la quietud de su estudio, a la paz de la casa que habitaba desde hacía cuarenta años.-

     No podía evitar que sus palabras tuvieran resonancia nacional y continental, porque todo lo que llevaba adentro lo volcaba en sus actos, sin cálculo, sin pensar las consecuencias, sin valorar los resultados. Y lo que tenía adentro era mucho. Empezaba sus discursos como el que no quería hablar. Pero al poco rato era prisionero de sus argumentos, de sus palabras, de sus iniciativas. Y así luchaba y luchaba hasta que, según él, se sentía cansado y buscaba el reposo. Se aislaba de nuevo, pero al poco tiempo, recomenzaba, siempre tironeado por sus amigos.-

     Cada salida suya a la calle significó para Julio Argentino Noble y demás amigos, esfuerzos continuados. A duras penas se le pudo llevar al Colegio Libre de Estudios Superiores, pero después de dar su primera conferencia empezó a soltar todo lo que tenía dentro de su cerebro y de su corazón contra los curas, contra la iglesia, contra el fanatismo religioso. Ya no podía contenerse.-

     Era Lisandro de la Torre protestando contra lo que no quería hacer, pero era Lisandro de la Torre haciendo lo que siempre tendía a hacer.-

Lisandro de la Torre fue, con todo, la expresión más auténtica del pensamiento liberal argentino. Fue él mismo un liberal auténtico, con todas las contradicciones del liberalismo burgués, pero con toda la fuerza del liberalismo burgués en nuestro país en formación. Fue el más consecuente de los hombres del liberalismo argentino, porque fue ateo, porque fue antiimperialista y porque defendió en todo el momento el desarrollo económico nacional. Si no pudo encauzar sus ideas en un partido político, por lo menos sentó cátedra de liberalismo frente a los demás liberales que no eran consecuentes como él y frente a los socialistas que por serlo, querían ser liberarles sin poderlo, sin lograrlo.-

La voz liberal más auténtica

     Por eso, porque se lo sabía consecuente, valiente, una voz argentina liberal auténtica, la juventud cifraba en él sus mayores esperanzas. Antes y después de 1930, un grupo de jóvenes y de universitarios quiso formar con De la Torre el Partido Demócrata Progresista en la Capital Federal para irradiarlo luego a todo el país y sacarlo de sus estrechos límites provinciales santafecinos. De la Torre no puso ningún entusiasmo en ello y la iniciativa fracasó. Más tarde, De la Torre se prestaba para ser bandera de la conjunción demócrata-socialista, que marcó una época brillante en la política democrática y liberal del país.-

 A su fuerte convicción liberal, sumaba una austeridad y una alcurnia moral como no ha habido otros en nuestro medio político. Por eso se lo odió tanto como él odió la corrupción, la mentira el fraude.-

    

     Le repugnaban las cosas triviales. Recuerdo que a raíz del pedido de desafuero como senador, se nos ocurrió, ya que no había otra forma de hacerlo actuar o hablar, organizarle un banquete monstruo. Le hablé por teléfono. “NO acepto” dijo categóricamente. “ Si quiere venir, venga, ya hablaremos, pero no acepto”

     Para presionarlo, fuimos a buscar a su amigo Tedin Uriburu. Con otras personas más, llegamos hasta su casa. Insistimos, pero sin resultado. Enseguida comprendimos: le repugnaba el banquete. Hoy lo comprendemos mejor, el banquete es, en nuestro medio político, una forma fácil de eludir las responsabilidades. Cuando hay actitudes serias que tomar, un banquete lo arregla todo. Es otro síntoma de la chatura argentina. Es, muchas veces, una expresión cómoda y decadente de nuestro civismo en crisis.-

Lo que es y lo que no es un ejemplo

     La muerte de De la Torre no es un ejemplo para los que luchan en el país. El suicidio no soluciona nada. Pero, comprendemos el suicidio de De la Torre por las razones esbozadas en esta rápida semblanza del gran luchador, sin tiempo para repasar sus obras, sin tiempo para meditar mucho. Otros estudiarán su interesante personalidad. Aquí queremos reflejar la siluetade De la Torre sin intentar valorar toda su vida. Sólo queremos expresar de él lo que sentimos en este momento. Con la sinceridad y crudeza que tanto relieve dan a su personalidad.-

     Si su suicidio no es un ejemplo-porque nosostros queremos modificar el medio que ahogó a De la Torre, su valor moral, su consecuencia política, su rectitud, su firmeza, sí lo son ¡Y en qué grado¡.- 

     Vemos a De la Torre como un diamante en bruto. La comparación es vulgar, pero no se nos ocurre otra. Un diamante no tallado, o sea, un valor político no disciplinado, pero un diamante puro, reluciente, rompiendo las cosas sin romperse jamás.- 
    Por ser grande, miró al mundo, a su alrededor, y se sentía pequeño. “La pequeñez del hombre comparada con la inmensidad del universo- dijo en su conferencia sobre filosofía- hace extraordinario su empeño en descifrar el enigma de la vida”

   ¡La pequeñez del hombre¡ He aquí lo que lo torturaba, lo que lo amargaba. Verse pequeño ante algo que es indudablemente grandioso, aplastante, implica sentirse, a su vez aplastado. No se puede luchar en la vida y en la sociedad sin sentirnos grandes frente a los problemas que podemos solucionar, frente a las miserias que podemos corregir.

Se sentía “nada”

     La nada le abrumaba. Por eso, para ser nada él también pidió que lo cremasen y que sus cenizas sean arrojadas al viento. “Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndome con todo lo que muere en el Universo”.-

     En sus últimos momentos, llegó quizás a odiarse a si  mismo por la impotencia que sentía sobre sí. Quiso destruir hasta la partícula más pequeña de su cuerpo. En el fondo, revelaba su temperamento emocional, profundamente romántico que se manifiesta también en Federico Engels, quién se hizo cremar ordenando que sus cenizas fueran echadas al mar.-

    Se ha apagado una llama en la vida social y política argentina. Se ha apagado un carbón encendido que quemaba y se quemaba.-

     Nosotros desearíamos que se levantara un monumento con la figura de tres hombres: la de Irigoyen, arrastrando multitudes, como caudillo; la de Juan B. Justo, enseñando con el libro y el ejemplo; la de De la Torre, alumbrando como una llama del fuego persa. Tres hombres que juntos evocarían una época argentina larga y fecunda. Un período que se cierra con la exigencia imperiosa de abrir otro período ascendente en la trayectoria de nuestro progreso.-

 Firma:  Ernesto Giudici
Diario Crítica, 6 de enero de 1939

 

Conferencia "Intermedio Filosófico"(para mayor información haga click aquí)

El más liberal, el más progresista, el más renovador era De la Torre
 
Recordatorio, " A los sesenta años de la muerte de De la Torre"
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