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Damos a continuación la crónica que publicó
La Nación, el 15 de diciembre de 1914, sobre la constitución
del Partido Demócrata Progresista, que mas tarde eligió candidato
a la presidencia de la república al Dr.. Lisandro de la Torre.
El nuevo Partido......
En uno de los salones del Savoy Hotel se realizó esa
asamblea. Como se sabe,su principal objeto era proceder a
la lectura y aprobación del manifiesto anunciado hace
tiempo.
Se encontraban presente los siguientes señores :
Senadores nacionales: Villanueva, Albarracín, Estévez, Garramaño, Gonzalez,
Iturbe, Iturraspe, Maciá, Ovejero, Guiñazú, Terán, Virasoro
y Zabala.Diputados nacionales: Acosta, Aguirre, (R. M.), Arancibia
Rodriguez, del Barco, Beltrán, Bonastre, Camaño, Carbó Fanes,
(L.) García, Igarzabal, Jaramillo, Lagos, Marchini, Márquez,
Mena, Oliver, Olmedo, Ordoñez, Perez, Virasoro, Pastor, Rojas,
Saravia, de la Torre y Uriburu, Enrique Rodriguez Villegas,
Indalecio Gomez, José Luis Acosta, Carlos Meyer Pellegrini,
Nicolás Calvo, Gervacio Colombres, Lauro Cabral, Ernesto Madero,
Eduardo Castex, Cesar Gonzalez Segura, Angiolino Zorraquín,
M. Mujica Farías, Virgilio Tedín Uriburu, Francisco M Uriburu,
Damián M. Torino, Bernardino Acosta, Endoro Gallo, Honorio
Leguizamón, Matías Pinedo Oliver, Cornelio Candia, etc.
Inmediatamente después de abierto el acto, ocupó la presidencia el Dr. Lisandro
de la Torre, acompañado por los senadores Gonzalez y Terán,
por el Dr. Indalecio Gómez y por el diputado Carbó.
Explicó el Dr. De la Torre el objeto de la reunión, dio cuenta de las que anteriormente
se habían realizado en casa del Dr. Mariano Demaría, y leyó
a continuación el manifiesto que publicamos mas abajo.
Al terminar la lectura el Dr. De la Torre se retiró de la presidencia, indicando
que era conveniente que la asamblea designara un presidente
provisional para dirigir sus deliberaciones. Por aclamación
resolvió designarse al mismo Dr. De la Torre.
Aprobado sin observación el manifiesto, el presidente dijo que debía procederse
al nombramiento de una junta provisional encargada de correr
con todos los trabajos previos de organización del nuevo partido.
El señor Villanueva manifestó que esa junta podría componerse
de 30 miembros y tener como misión principal dirigirse a todos
los comités políticos del interior de la república, pidiéndoles
su adhesión y nombrar delegados a una futura convención a
realizarse en esta capital.
Presentó asimismo una lista de candidatos a miembros de esa junta provisional,
que fue leída por el Sr. Carbó y aprobada sin observación.
La lista es la siguiente:
Norberto Quirino Acosta, José Ma. Rosa, Joaquín V.
Gonzalez, Indalecio Gómez, Carlos Rodríguez Larreta, Carlos
Ibarguren, José B. Semprún, José Uriburu, Lisandro de la Torre,
Estanislao S. Zeballos, Ignacio Iturraspe, Alejandro Carbó,
Sabá Z. Hernández, Emerio Tenreyro, Valentín Virasoro, Eloy
Igarzábal, Julio A. Roca, Brigido Terán, Carlos Zabala, Octavio
Iturbe, David Ovejero, Luis Linares, Carlos Malbrán, Antonio
P. García, Moisés Garramuño, Estanislao Albarracín, Rafaél
M. Aguirre, Eriberto Mendoza, Víctor S. Guiñazú, Alberto Arancibia
Rodríguez, Benito Villanueva y Mariano Demaría.
El Sr. Villanueva indicó a continuación que la inclusión del nombre del Dr.
Zeballos no era definitiva, pues éste había manifestado que
recién hoy dará su contestación al respecto.
Previamente el Dr. Gómez usó de la palabra para recordar la actuación
que en la formación de este partido había tenido el doctor
Mariano Demaría que no había podido concurrir a la asamblea
y propuso que su nombre figurara en la junta provisional,
lo que fue aceptado, como igualmente el nombre del señor Villanueva,
a proposición de uno de los presentes.
El Dr. De la Torre dijo luego que era conveniente dar un nombre al nuevo partido
e indicó que su juicio correspondería designarlo con el
partido “progresista”. El señor Oliver manifestó que en
este asunto no debía improvisarse y que sería mas prudente
que la junta provisional nombrada resolviera en definitiva
sobre el particular. Este temperamento fue aceptado por unanimidad.
Por
último, una moción formulada por el señor Meyer Pellegrini,
en el sentido de que la junta provisional podría ser aumentada
hasta 50 miembros, fue también aprobada.
En seguida se levantó la asamblea.
He aqui el manifiesto del nuevo
partido
Los
que suscriben, con la convicción de interpretar los anhelos
de una mayor suma de opiniones en todo el país, y a manera
de comienzo para llegar a una acción mas eficaz, han
creído de su deber dirigir una invitación al pueblo de
la capital y de las provincias, y a los diversos partidos
y agrupaciones políticas organizados en una y otras con
fines diversos de orden local o general, para que concurran
a una reunión con o asamblea común, con el fin de dar
unidad y cohesión a todas las fuerzas afines, que por
ahora, trabajan aisladas o separadamente por la realización
de sus ideas de gobierno dentro de la localidad o provincia.
Hemos
pensado que, ante la proximidad de la época en la cual
debe renovarse el poder ejecutivo de la nación, era oportuno
promover un acercamiento y una inteligencia entre todos
los que abrigan propósitos semejantes o tendencias concurrentes,
con el objeto de constituir una sola y grande entidad
electoral, suficiente, por su número, su valor representativo
y la bondad de su programa, para presentarse con poder
decisivo y con derechos legítimos en nuestra vida democrática.
Nos hemos dado cuenta del estado en que se halla en la actualidad la opinión
política de la república, después de la disolución de
los antiguos partidos participamos del deseo general de
crear un nuevo, no para que haga vivir situaciones ni
partidos del pasado, sino que, inspirado en la alta tradición
del espíritu argentino, pueda armonizar con las exigencias
presentes y futuras de nuestra sociabilidad, todo lo que
debe ser conservado como vínculo de solidaridad entre
las anteriores y las nuevas generaciones.
Queremos expresar con esto una aspiración permanente
del espíritu nacional, en el sentido de continuar, acrecentar
y perfeccionar la hora de civilización, engrandecimiento
y cultura de la nación, realizada hasta ahora por los
que nos han precedido, salvando con indudable patriotismo
y entereza todas las viscisitudes y las asechanzas de
desorden y la anarquía, que, bajo diversas formas, de
tiempo en tiempo, reaparecen, para amenazar la paz interior
y la cuestión normal de nuestro progreso en sus múltiples
aspectos.
Que esta es nuestra mira suprema lo atestiguan los nombres
de los que firman este documento, de ciudadanos cuyas
actividades en la escena pública han sido notoriamente
divergentes, y coinciden hoy en un común concepto sobre
las necesidades de la hora actual y sobre la orientación
del esfuerzo colectivo en el porvenir.
Disueltos los lazos que mantenían la unidad nacional de los viejos partidos,
o multiplicadas las agrupaciones locales por inevitables
divergencias, escisiones o formación de nuevas entidades,
la verdad es que en el momento presente se encuentra en
la capital y en todas las provincias la mayor diversidad
de núcleos, los cuales, teniendo en el fondo los mismos
o muy semejantes propósitos, hacen vida aislada e incoherente,
o limitada a cumplir los actos electorales exigidos por
el gobierno local.
Ninguno de estos partidos, grupos o asociaciones, locales,
por sí solo, ni aun dentro de los límites de su provincia,
podrá aspirar a prolongar su influencia ni su predominio
mas legítimos, si no busca la cooperación de los demás
en una acción combinada, en esferas mas extensas; por
el contrario, con esa unión y cooperación no solo adquirirá
mayor vigor y prestigio sino que contribuirá a realizar
el pensamiento constitucional de crear verdaderos partidos
nacionales, que encarnen los principios directivos de
la constitución y los lleve a la práctica, en acción permanente
y constantemente renovada, de acuerdo con las leyes del
progreso en todos los órdenes. Además dentro del sistema
vigente sólo obtienen representación las dos agrupaciones
numéricamente mayores las otras si desean salir de la
condición de simples denominaciones partidarias y actuar
como fuerzas eficientes, deben por deber patriótico, sumarse
a aquellas de las mayores con la cual tengan afinidades
mas atractivas.
Estas palabras no son todavía un programa, sino la explicación
de los móviles que han tenido en vista lo que suscriben,
al invitar a sus conciudadanos a la formación de una gran
agrupación política nacional. Cuando ellos se reúnan,
deliberen y resuelvan esa creación, será el momento de
trazar su programa y exponerlo ante el país y ante la
opinión electoral.
Será ese partido, por sus órganos autorizados, el que
decida, junto con las formas y tendencias, el que pueda
concretar y personalizar los caracteres de la lucha comicial,
proclamando, enfrente de los principios de su programa,
los nombres de los ciudadanos a quienes se confíe su realización
desde el gobierno.
Si la investidura gubernativa la da el colegio electoral,
elegido por el gran consejo de la nación, las asambleas
preparatorias de los partidos son las que comienzan, enuncian
y proponen al pueblo las fórmulas nominales para la decisión
de los comicios.
Ninguna otra entidad política, ya sea individual, ya corporativa,
puede tener autoridad suficiente para substituirse a las
asambleas populares en la proclamación de candidatos para
la menciones electivas, Por certero que fuese el juicio
individual, o de un núcleo de personas mas o menos considerable,
pero despojado de mandato o representación popular, nunca
podría reemplazar a las asambleas o convenciones de los
partidos, los cuales son, en cierto modo y en la medida
de su poder político, una anticipación del juicio definitivo
del cuerpo electoral.
Si bien es verdad que nosotros no exponemos aquí un programa
definitivo, no podemos dejar de comunicar al pueblo y
a las colectividades a quiénes nos dirigimos, cuales son
algunos de nuestros puntos de vista iniciales, sobre los
que pretendemos coincidir o armonizar con ellos, al invitarlos
a la formación de un solo partido en toda la nación, dejando
a este mismo, como decimos antes, la misión de darse su
constitución, programa y candidatos.
Damos como un hecho definitivo y por consiguiente
adoptamos la resolución inquebrantable de sostenerlo,
y consolidarlo, el del sufragio irrestringido e inviolable,
como único medio de llegar al fin de nuestras aspiraciones.
Creemos que los oficialismos y los resortes electorales
que en ellos se apoyan, son un recurso unánimemente repudiado
por todos los partidos en la república, e ineficaz, en
suma, por el nuevo ambiente que las reformas Legislativas,
las últimas luchas y el estado actual de la conciencia
nacional han creado a su respecto; y abrigamos la convicción,
además, de que el nuevo partido de cuya creación hablamos,
tendrá desde luego, una vez reunidos los elementos que
habían de constituirlo, fuerza electoral mas que suficiente
para dar mayor prestigio al comicio argentino, por su
triunfo, que sería tan seguro como legítimo.
Hemos pensado que es una aspiración unánime de la mayoría de los centros de
opinión de la república, la de designar para los períodos
subsiguientes del gobierno general y de las provincias
ciudadanos que hayan dado pruebas suficientes de aptitud
para realizar los anhelos permanentes de orden institucional,
de `progreso económico, de continuidad en la labor de
la cultura moral e intelectual, fundados a costa de tantos
sacrificios de las generaciones anteriores.
Estamos convencidos de que esta persistente y a veces
cruenta conducta debe nuestra patria la posición que ha
alcanzado en el conjunto de las naciones de América y
Europa como teatro de concurrencia de hombres, ideas y
capitales, con personalidad internacional digna de la
fe y del crédito de que actualmente goza por la discreción
y lealtad inalterables de su política externa, su amor
sincero por la paz fundada en la justicia y en el respeto
recíproco, por la honestidad y rectitud en su conducta
financiera, por la potencialidad del trabajo nacional
y la protección efectiva a la persona y al trabajo del
extranjero, y por una invariable demostración de su anhelo
por consolidar su paz y orden interior, sin excluir las
progresivas expansiones de la libertad civil y política
y delas reformas sociales.
Tampoco reservamos en este momento nuestra creencia de
que coincidiremos con la mayoría de nuestros compatriotas
y núcleos directivos de la opinión y de los partidos militantes,
en la necesidad de dar existencia a esa fuerza nueva que
cuide de una manera mas solicita y eficiente de dar mayor
impulso al progreso económico de las provincias, consideradas
como componentes de la unidad económica y política de
alta previsión del porvenir, el cual guarda sorpresas
y problemas insólitos, en cuya presencia deseáramos que
la nación se hubiese ya colocado en condiciones de bastarse
a sí misma en las grandes crisis universales.
Para estos será necesario que exista una vasta y poderosa
organización política que vale por los intereses mas permanentes,
se ocupa de normalizar y armonizar los servicios económicos
industriales y comerciales, vinculados a los transportes,
obras públicas, navegación, irrigación y utilización mas
racional y previsora de la tierra común, y tantos otros
ramos que reclaman una atención nueva en las nuevas fases
que adopta cada día la evolución del progreso nacional.
Animados de estos ideales apenas esbozados en estas líneas,
los firmantes nos hemos aventurado a esperar que todos
los ciudadanos representativos de la opinión directiva
y de los intereses mas permanentes de la nacionalidad,
que todos los partidos y agrupaciones políticas aislados,
que en la capital y provincias esperan el día de una general
inteligencia para una acción combinada en el sentido de
sus aspiraciones comunes; habrán de coincidir con nosotros
en que ha llegado el momento de las realizaciones, y se
apresurarán a tomar su parte de tarea y de responsabilidad
en la labor que, por su naturaleza, corresponde a todos
los ciudadanos.
En tal convicción invitamos a los ciudadanos a abandonar
su situación de aislamiento, inactividad e indecisión,
y a los partidos o núcleos locales a inscribirse y refundirse
en la nueva agrupación, cuyos fines hemos procurado definir;
no sólo para mejorar así su propia posición, sino para
armonizarse en una vasta acción nacional que afronte y
resuelva de acuerdo con las actuales aspiraciones del
país, y en cambios intachables, los problemas vinculados
con la renovación del personal del poder ejecutivo de
la nación, para el período de 1916 a 1922.
A este efecto, hemos creído que era indispensable la reunión
en esta capital de una convención de delegados de cada
provincia y de la capital, la cuál dará forma definitiva
a la idea misma, formulará su carta orgánica, expondrá
al país su programa actual o permanente, y reglamentará
los trabajos para la campaña presidencial, con la proclamación
de los candidatos que hayan de condensar los sufragios
de sus adherentes.
Les pedimos, en consecuencia, quieran designar sus respectivos
delegados, los cuales deberán reunirse en esta capital.
Esta manifiesto fue suscripto por las siguientes personas:
E. Ramos Mejía, Carlos Guerrero, M. Mora y Araujo, José
L. Llobet, Enrique Arana, Jerónimo del Barco, Alberto
Castex, Carlos Meyer Pellegrini, E. Perez Virasoro, Felipe
Arana, Argelino Zorraquín, Ernesto Madero, Endoro Gallo,
Luis Demaría, P. Vera Cronzeilles, Luis F. Trejo Sousa,
Gervacio J. Colombres, Próspero Mena, Francisco M. Uriburu,
Félix T. Garzón, Guillermo Rotte, Francisco E. Correa,
Ramón V. Beltrán, David Saravia Castro, Francisco Uriburu,
Adolfo berraondo, Alvaro D. Márquez, Emilio Marchini,
Horacio Leguizamón, Pablo Vallare, M. Mujica Farías, Eduardo
Navarro Loveyra, Constantino F. Poreile, Guillermo Rojas,
Víctor Larronde, Pablo Villanueva, Francisco Salvatierra,
Manuel J. Estevez, Manuel Bonastre, Bernardino Acosta,
Ovidio Lagos, Rafael Demaría, Eduardo Acosta, César Gonzalez
Segura, Francisco J. Oliver, Damián M. Torino, José N.
Fernández, José Luis Acosta, Manuel S. Ordoñez, Melitón
Camaño, Gabriel J. Martínez, C.A. Alfaro, Juan Pablo López
y Enrique Arana (hijo). |
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