AL SEÑOR
PRESIDENTE
DE LA NACIÓN
D.
FERNANDO DE LA RUA
S
/ D
Estimado Señor Presidente:
Me
permito transmitirle algunas ideas sobre la compleja situación
económica que atraviesa nuestra Nación. También, ciertas
prevenciones. Usted sabe sobre mi preocupación respecto
del creciente déficit de las cuentas públicas que, estoy
convencido, es la causa de los males económicos que soportamos,
en especial la recesión y el desempleo. Hube de expresárselo
durante la campaña electoral de 1999, cuando compartimos
en Santa Fe varias reuniones y, primordialmente, el 26 de
junio de 2000, al visitarlo en su Despacho, oportunidad
en la que le señalé cómo los intereses de la deuda habían
trepado de 3.472 millones en 1993 a más de 9.000 millones
en el 2000 y, a la vez, la necesidad de financiamiento subió
de 4.436 millones en aquel año a 25.000 millones en el 2000,
llegando a 28.000 millones en el año actual. Recuerdo, también,
que le dije que el problema se desataría durante su gobierno
si no se adoptaban inmediatamente medidas preventivas, ante
la posibilidad concreta de que dejasen de prestarnos dinero.
En
noviembre último logramos que el FMI promoviera una asistencia
anticipada para la Argentina, a diferencia de la manera
como había actuado ante las crisis de México, Corea, Malasia,
Rusia, Brasil, en las que recién intervino una vez producidos
los hechos. Así se comprometió el blindaje del que participarían
entes del sistema financiero e instituciones locales. Pienso
que en ese momento se desaprovechó una oportunidad ya que
si se hubiese acordado destinar, año por año, parte de esa
asistencia al pago parcial de los intereses de la deuda,
hoy no deberíamos haber apelado a las serias medidas de
reducción de jubilaciones y sueldos. Esto, porque siempre
he pensado que garantizando el pago de lo intereses no habría
problemas en renovar el principal.
Creo que la decisión del Congreso
de la Nación, al sancionar la Ley 25.453 debe ser aquilatada
en toda su dimensión por la comunidad financiera. Sin que
el partido de gobierno tuviera mayoría absoluta en ninguna
de ambas Cámaras y a sabiendas de los efectos de la norma
sobre los sueldos y las jubilaciones, el Congreso aprobó
la ley. Me preguntó si habrá muchos parlamentos en el mundo
dispuestos a actuar con la responsabilidad y el coraje con
que lo hizo el argentino. Antes, también, al aprobarse la
ley 25.414 de delegación de competencias legislativas, se
puso en evidencia la comprensión de la grave emergencia
económica.
Ahora bien, pienso que faltó iniciativa
cuando se dejó transitar más de un año sin encarar con eficacia
el problema de fondo. Tampoco después cuando se propuso
transformar la Ley de Convertibilidad en un promedio entre
el dólar y el euro, no sólo de incierto pronóstico futuro
sino, especialmente, porque creó incertidumbre sobre la
estabilidad de nuestra moneda, que todos los argentinos
queremos que siga siendo estable. No hubo acierto, a la
vez, cuando se planteo todo como una cuestión de competitividad
que en definitiva encierra un problema de desfinanciamiento
del sector público, administrado discrecionalmente, justo
cuando debemos erradicar el déficit fiscal. Fueron, a mi
juicio, equivocaciones que hoy debemos pagar. Pero no es
éste el motivo de mi comunicación.
Comparto plenamente su afirmación de que
es imprescindible eliminar el déficit. Valoro su firmeza
en insistir sobre el cumplimiento de este objetivo. Es más,
desde 1995 vengo advirtiendo sobre el peligroso camino que
a partir de ese año empezamos a transitar. Creo que la reducción
del gasto es una vía, pero es limitado pensar que sea la
única ya que el gasto primario (antes de intereses de la
deuda) no creció descomunalmente en el orden nacional. Nótese
que el gasto primario desde 1993 hasta 2001 aumentó el 9
por ciento, mientras que el gasto total en igual período
incrementó el 29 por ciento. El de muchas provincias es
otra cosa.
El problema del desequilibrio fiscal tiene
también dos causas complementarias. Una, la altísima evasión
que existe. Otra, el encarecimiento del servicio de la deuda;
en este segundo factor más que por el volumen de la deuda
en si, por el aumento de las tasas que debemos pagar a consecuencia
de la sospecha sobre nuestra solvencia. Por eso, estoy convencido
de que más allá de lo que pueda y deba hacerse comprimiendo
el gasto primario, el equilibrio debe ser buscado por la
vía de una reforma tributaria que, asociando el interés
del Fisco al del contribuyente, limite la fuerte evasión
que existe. En la Argentina, quienes pagamos impuestos pagamos
mucho, mientras que hay muchos que evadiendo no pagan nada.
Entiendo que por allí hay un camino de aproximación.
Se debe asociar los dos impuestos más importantes, IVA y
Ganancias. Cada peso que pago por IVA debe servirme para
desgravar parte de Ganancias. Si cuando pagamos un bien
que adquirimos podemos utilizar el comprobante para desgravar
ganancias estaremos más dispuestos a reclamar al vendedor
la factura correspondiente. Así seremos todos los contribuyentes
aliados del Fisco para evitar la evasión del IVA (más del
treinta por ciento) y ordenar y mejorar la recaudación de
Ganancias. Por esa vía se pueden obtener magnitudes que
superarían prontamente muchas penurias presentes. Vito Tanzi
decía que una reforma tributaria de gran alcance debe incluir
la revisión de los incentivos que empujan a los contribuyentes
a cumplir.
Además, el blindaje y el megacanje no produjeron
los efectos creídos. El primero, porque fue siendo absorbido
por la falta de financiamiento externo para renovar la deuda,
y el otro porque postergó algunos vencimientos a un alto
costo futuro. ¿Por qué no analizar con las autoridades económicas
la posibilidad de negociar – después de superar la crucial
instancia actual- con el sistema financiero internacional
mecanismos que nos permitan aliviar el arduo peso del servicio
del endeudamiento? . La Argentina ha efectuado cambios estructurales
muy sólidos: tenemos diez años de estabilidad monetaria
después de medio siglo de inflación, privatizó numerosas
empresas de servicios, comerciales e industriales, abrió
la economía, modernizó su aparato productivo, multiplicó
el comercio exterior aunque aun deba expandirlo mucho más,
realizó una reforma previsional en la dirección que siguen
otros países del mundo si bien hoy afecta los ingresos del
sector publico, el presupuesto tiene superávit primario.
En suma, pese a los conocidos problemas de recesión, estancamiento,
desempleo y pobreza, la Argentina estructuralmente tiene
la economía más sólida de toda América desde el Río Grande
hacia el Sur. Además, gozamos de una democracia estable,
hay consenso en el sistema político, todos nos sentimos
comprometidos con la suerte del país, unos porque gobiernan
en la Nación, otros porque lo hacen en las provincias y
los municipios. Todo ello, además de las riquezas humanas
y materiales que conocemos.
Por
eso, Señor Presidente, le sintetizo las ideas sugiriéndole
que no limite el esfuerzo para llegar al equilibrio fiscal
contrayendo solamente los gastos, sino que ordene además
una reforma impositiva de fondo y explore caminos acordes
con el sistema financiero para atenuar el gasto total. Es
cierto que los cambios del régimen tributario no producirán
efectos fiscales automáticamente, pero serán indicativos
de que estamos transitando con seguridad hacia la solvencia.
Respecto de la incidencia del servicio de la deuda sobre
el gasto, estimo que pueden haber sendas imaginativas acordes
con la tradición y el principio de honrar nuestros compromisos
financieros. En definitiva, me permito sugerirle que plantee
un programa concreto para erradicar el déficit que vaya
más allá de lo previsto en la ley 25.453. De esa manera
bajará el costo del crédito, se alentará la inversión, se
estimulará el consumo, siempre a partir de la sana práctica
de las cuentas claras de la Nación y las provincias. Ese
es el medio, que estoy seguro usted comparte, para que
la Argentina restablezca el camino del crecimiento económico
y la reducción del desempleo.
Le
saluda respetuosamente
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Alberto A. Natale
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Diputado
Nacional
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Presidente
Bloque Demócrata Progresista
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